Justificación

 

 

Es un hecho aceptado que, desde hace unas décadas, la fenomenología es una vertiente de la filosofía que no sólo se caracteriza por sentar doctrinas sobre la subjetividad humana como fuente de sentido del mundo, sino como un método que permite dar con tal sentido. Así mismo, que este enfoque no sólo es una "curiosidad bibliográfica", sino un auténtico movimiento planetario que tiene como interés radical la racionalización del "presente viviente"; esto es, se trata de un pensar que recae sobre la historicidad de la experiencia humana del mundo, pero igualmente sobre el presente y sobre uno y otro en funciones de los horizontes de la humanidad.

En este contexto, llama la atención cómo la fenomenología, desde su origen, se ha dado a un diálogo vivo no sólo con la tradición filosófica, sino cómo ha permeado y ha sido permeada por los desarrollos de las ciencias -sociales y naturales-, llegando incluso a tener efectos y ser efectuada por el arte, las manifestaciones políticas y culturales de diversos contextos, incluyendo entre estos los "entornos virtuales", la "inteligencia artificial" y las "ciencias cognitivas".

Que la fenomenología no sólo haya sido una denuncia contra el positivismo, sino una alternativa para enfrentarlo, es un dato que se puede constatar por la preeminencia del título motivación sobre las visiones clásicas de los modelos causales -tanto en las ciencias naturales como en las ciencias de la cultura-. Precisamente a raíz de este aspecto privilegiado de su enfoque: la fenomenología es una alternativa para pensar la formación y los procesos de subjetivación en un mundo de la vida cada vez más tecnologizado e instrumentalizado.

Progresivamente dentro de la fenomenología se incrusta más y más la reflexión sobre la temática de la intersubjetividad bajo la vertiente de la interculturalidad. Con ello, queda en evidencia no sólo la vigencia de este movimiento, sino los alcances de la reflexión a que da lugar su despliegue como horizonte tanto teórico como metodológico.

Ahora bien, llama la atención cómo en América Latina se cuenta con una tradición de investigadores que se formaron o directamente con la primera generación de fenomenólogos -Eugen Fink, Ludwig Landgrebe, Hans-Georg Gadamer- o con posteriores generaciones -Iso Kern, Klaus Held- o que han -tras su regreso a la región- contribuido a la recepción de la fenomenología, no sólo en el horizonte de la investigación filosófica, sino dentro del marco general de desarrollo de estudios de las ciencias sociales, de los estudios culturales y de las prácticas políticas.

Con todo esto, se debe señalar cómo en América Latina la recepción de la fenomenología –así como de la hermenéutica- ha dado paso al desarrollo de trabajos originales, dentro de los cuales cabe destacar un estudio de nuestro mundo de la vida. Todo esto hace perentorio desarrollar investigaciones dentro de las cuales no sólo se prosiga la tradición abierta -que ha cultivado el estudio de las fuentes del pensamiento fenomenológico, en la mayoría de los casos en los textos y las lenguas de originales-, sino que se da una apertura a nuevas vertientes del desarrollo de la fenomenología, por ejemplo en Estados Unidos, en Asia y en algunos partes del Europa del Este. Estos desarrollos tienen una fuerza renovadora con respecto a la tradición centroeuropea, que en muchos respectos son o podrían ser concomitantes con la fenomenología llevada a cabo en América Latina.

Así mismo, ha llegado la hora de que se reconozca no sólo la efectividad de la recepción de la fenomenología llevada a cabo por décadas por académicos latinoamericanos, sino que se lleve a cabo un esfuerzo por coleccionar, sistematizar y estudiar el acervo bibliográfico producido por más de 14 lustros consecutivos de investigación fenomenológica en cabeza de investigadores de la región. Que este esfuerzo debe convivir al lado de otros acervos documentales -como por ejemplo, del de la recepción y naturalización de la fenomenología en la tradición académica norteamericana- y de las más depuradas fuentes bibliográficas de la fenomenología: es una necesidad imperativa.

Los procesos tendientes a comprender la subjetividad no se terminan de consolidar por el mero ejercicio de la investigación fenomenológica. Se requiere que se dé espacio para las investigaciones desde enfoques como las llamadas ciencias de la discusión, la teoría de la acción comunicativa, la nueva retórica, la teoría crítica de la sociedad, la hermenéutica, la arqueología, la genealogía -entre otras vertientes-; no obstante, la fenomenología -como teoría y como método- está en la base de muchas de esas discusiones y formas de investigación contemporánea sobre la subjetividad. Más aún, bien parece que no dar lugar a una fundamentación fenomenológica de tales horizontes de comprensión: dejaría descontinuadas y vacías de fundamentos tales perspectivas.

Una de las grandes contribuciones de la fenomenología es, en sí, la de ofrecer un horizonte para el desarrollo de las ciencias sociales y los estudios culturales, sin que unas y otros tengan que mantenerse bajo la tutela de las diversas expresiones del naturalismo y del determinismo; en fin, el de dar con una propuesta sistemática para desarrollar la autonomía teórica y metodológica de estos campos de investigación, que de diverso modo recaen sobre la subjetividad vivida y realizada en experiencias plenamente intersubjetivas.