La reapropiación social del conocimiento: tareas de la Universidad por venir

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Conferencia pronunciada el 16 de mayo de 2012 en la Universidad de Antioquia (Medellín), en la Celebración del Día del Profesor Universitario, organizada por la Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia (ASOPRUDEA). También fue leída en la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá.

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Por Carlos Enrique Restrepo
Profesor Instituto de Filosofía U. de A.
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  A la Asociación de Profesores de la U. de A., en sus primeros cincuenta años.

Buenos días. Agradezco a los organizadores la honrosa invitación a este escenario y el haberme confiado esta enorme responsabilidad. Mi ánimo es el de compartir algunas ideas todavía muy embrionarias relativas a la educación que han sido para mí motivo de preocupación durante los últimos años, y específicamente, en lo que tiene que ver con la Universidad. Algunas de estas ideas las he presentado ―también de manera parcial― en algunos escritos que he compuesto y visto circular al calor de las circunstancias, publicados en los medios de información de la Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia y en la Revista Debates

[1]. En esta preocupación, ha resonado para mí el diálogo constante con amigos y colegas como Sara Fernández, Luz Gloria Cárdenas, Germán Vargas Guillén, Jaime Rafael Nieto, Marco Antonio Vélez, Jorge Mahecha, Luis Antonio Ramírez, Maurizio Lazzarato, Ernesto Hernández, y muchos otros, a quienes expreso también mi reconocimiento y gratitud.

Especialmente, me inquieta el tema de la producción de saber, organizada hoy bajo los rigores del dispositivo institucional de la “investigación”. Este modelo de organización, según he sostenido, tiene mucho de desnaturalización del concepto, el sentido y la práctica de los saberes, al poner a gravitar a los universitarios y trabajadores del conocimiento en función del artificio de un nuevo juego, que redefine desde sus propios cimientos el quehacer del trabajo intelectual y la idea misma de Universidad, convertida hoy en un marasmo de burocracia y de mediaciones administrativas realmente adversas al sentido del conocimiento, a la autonomía de los académicos y a la cooperación entre las facultades y las disciplinas.

En esta ocasión, me gustaría intentar redefinir justamente la comprensión de una de las líneas que atraviesan el modelo de investigación según la concepción del Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación COLCIENCIAS. En sus instructivos y documentos dirigidos a universitarios, centros y grupos de investigación, se habla sin mucha claridad de “apropiación social del conocimiento”, lo cual parece indicar, al menos en un nivel primario, que se trata de un simple sucedáneo de la famosa divulgación académica y científica, como si se tratara de traducir el lenguaje de los saberes y las ciencias a la comprensión del vulgo, para que los progresos científicos vayan calando en el campo social. Sin embargo, en una interpretación más elaborada, la fórmula de COLCIENCIAS compone un discurso que, por su parte, el Comité Universidad-Empresa-Estado de Antioquia (CUEE) ha hecho suyo adaptándolo a la premisa de la “utilidad social del conocimiento”, defendida con tanto ahínco en días pasados por el científico colombiano Raúl Cuero en el acto conmemorativo de los 10 años del CUEE. En este contexto, de acuerdo con las declaraciones del científico, se deja claro un imperativo, a saber, que “la educación contemporánea de América Latina debe ser funcional”, que “lo que se debe hacer es hacerla pragmática”, y orientarla en una “pirámide del desarrollo del conocimiento hacia paradigmas y hacia el uso práctico del conocimiento”[2]. En esta versión, y quizás en su definición misma, la “apropiación social del conocimiento” no es más que el sofisma bajo el cual se reviste algo a lo que ya estamos acostumbrados: la valoración del conocimiento por el raso criterio de su aplicabilidad. Una vez más, se trata del discurso funcional encargado de empaquetar el conocimiento, considerado sin rodeos como un medio para el único fin de hacer empresa y producir rentabilidad.

Por mi parte, intentaré plantear otra fórmula, aparentemente análoga, pero completamente diferente en su concepto, a saber: la de la “reapropiación social del conocimiento”. Con este recurso, intento poner en práctica una operación discursiva, y por tanto, también política, que comienza por reconocer que el conocimiento es una producción social, hoy día enajenada y confiscada por los dispositivos de la investigación finalista, orientada o aplicada que se han instalado en todas las universidades del mundo y en los institutos de investigación avanzada, prefigurando una verdadera lucha por el conocimiento a nivel global que inaugura una forma todavía reciente del capitalismo al que muchos teóricos han dado en llamar capitalismo cognitivo.

Con este fin, recurro principalmente a los teóricos de un movimiento de pensadores y activistas italianos de inspiración marxista conocido en algunos ámbitos como el autonomismo italiano[3]. Este movimiento ha aportado las categorías fundamentales para describir esta lucha y para trazar estrategias en ese escenario de lucha, al calor de las agitaciones propias de una Europa en la que vemos surgir infinidad de movilizaciones sociales verdaderamente inéditas. Al recurrir a estos pensadores no quisiera recaer en la habitual práctica autocolonial en la que los académicos en América Latina parecemos incapaces de desprendernos de la vieja Europa. Lo hago más bien porque, ciertamente, en las dinámicas del proceso de acumulación capitalista, Europa ha llevado más lejos la experiencia de su proceso histórico, al punto de la actual bancarrota general, de suerte que tales pensadores han presenciado y sufrido directamente dichas dinámicas que se traducen en una clara crisis social, mientras que a nosotros se nos presentan apenas bajo el embeleco de opciones de vida social consideradas promisorias.

 

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